Se produce cada vez más gas y menos petróleo. En el sector atribuyen la baja en el crudo a la falta de incentivos para invertir; el gas no convencional tiene un impacto favorable.

Los economistas suelen referirse al “precio” como una de las principales variables que mueven las aguas de la economía. El sector petrolero parece darles la razón. Sucede que la gestión de Mauricio Macri dejó su huella en los hidrocarburos: en línea con las señales de precios que se registraron en el último tiempo, la producción de petróleo fue en franca caída en los últimos meses, mientras que la de gas tomó la dirección contraria.

Según un informe del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi (IAE), sobre la base de los números del Ministerio de Energía, la producción de petróleo cayó en diciembre pasado 7,1% en comparación con el mismo mes de 2015, un tropezón aún más fuerte que la baja de los últimos 12 meses, del 3,9%. “La caída del crudo es un fenómeno estructural y de larga data. Comenzó en 1998 y es ininterrumpida desde ese año hasta el presente. Es el resultado de una muy mala política petrolera argentina en los últimos 25 años, que consistió básicamente en desconocer -error inexplicable- el valor estratégico de la exploración petrolera de riesgo”, explicó Jorge Lapeña, presidente del IAE.

“En este contexto, no es de extrañar que el fenómeno de caída productiva petrolera venga acompañado de un incremento de los costos de explotación y una baja de los rendimientos, y ése es en definitiva el origen del «barril criollo», que es una mera transferencia de los consumidores a las petroleras. El barril criollo en julio de 2017 cumple tres años”, completó.

En cambio, la extracción de gas fue en franco aumento. En diciembre pasado anotó un crecimiento del 4,9% en comparación con el mismo período de 2015, mientras que la suba de los últimos 12 meses arroja el mismo incremento.

“El fenómeno del gas natural es parecido. El equivalente del barril criollo es el Plan Gas. La diferencia es que, en ese caso, ha habido una respuesta positiva (específicamente en el caso del gas no convencional de Neuquén), cosa que no ocurrió en el caso del barril criollo”, sostuvo Lapeña.

Decisión política

Las decisiones políticas que tomó el Gobierno a fines del año pasado y principios de éste explican al menos un parte de la nueva tendencia petrolera. Por un lado, promovió una baja paulatina en el denominado barril criollo, que sostenía los precios locales del petróleo por encima de los internacionales. Y al mismo tiempo sostuvo, con modificaciones, el esquema de subsidios a la producción de gas que había implementado el kirchnerismo. El último ejemplo de esa lista se concretó la semana pasada, cuando Energía dispuso la creación de un nuevo plan de estímulo a la producción de gas de Vaca Muerta.

La iniciativa garantiza una remuneración mínima para los nuevos proyectos gasíferos en esa formación neuquina. Las petroleras que se adhieran al plan recibirán un precio mínimo de US$ 7,5 el millón de BTU el año próximo, de US$ 7 en 2019, de US$ 6,5 en 2020 y de US$ 6 en 2021.

Esos precios están por encima de las referencias de importación. Por ejemplo, si se toman los US$ 7,5 previstos para el año próximo, están 63% por encima de los US$ 4,58 del precio promedio ponderado del gas importado en el cuarto trimestre del año pasado, según el último Informe Trimestral de Coyuntura Energética, que elabora la cartera de Energía.

Referencias

La Nación

http://www.lanacion.com.ar/1995918-el-nuevo-mapa-energetico-se-produce-cada-vez-mas-gas-y-menos-petroleo

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