Somos una sociedad consumista, adquirimos para usar y desechar. Somos una

sociedad ciega (o al menos preferimos aparentar serlo). Lo que no vemos no duele, y si no

duele pues…a seguir consumiendo, comprando y acumulando! El origen de los productos y sus

paraderos parecieran ser un tema totalmente ajeno a cada uno.

La realidad es que la actividad humana afecta y disturba a la naturaleza y, por ende, a

nosotros y a las generaciones futuras también. Al apropiarse, transformar y “excretar” sus

elementos, genera un impacto que dudosamente se pueda revertir. Más aún, este impacto se

profundiza cada vez más debido al crecimiento mundial de la población, implicando la

extracción de más y nuevos recursos para satisfacer sus necesidades. Por lo tanto, implicando

la acumulación de más y nuevos residuos también.

Sin embargo, apilar incesantemente residuos no parecería ser una solución deseable ni

económicamente rentable. Por esta razón, existe un gran interés por reducir su volumen y

buscar otras alternativas a su disposición en los rellenos sanitarios. Una de las alternativas

posibles es la conocida como Waste-to- Energy (WtE) incineration (incineración de basura a

energía).

La incineración de WtE consiste en procesar los residuos para la obtención de energía

eléctrica o calorífica, reduciendo el volumen inicial hasta un 85%. Esta energía obtenida de la

basura podría competir con energías provenientes de combustibles fósiles como del petróleo,

el carbón y el gas. De esta manera estaría aportando una alternativa al uso de recursos no

renovables y, a su vez, estaría contribuyendo con la mitigación del cambio climático dado que

el uso de combustibles fósiles produce la emisión de gases de efecto invernadero como el

dióxido de carbono y el óxido nitroso.

Con la WtE se logra deshacerse de la basura y adquirir una nueva fuente de energía

con combustible que no depende de las variaciones climáticas y que es casi gratis. Por eso, es

un sistema bastante difundido en Europa como en Suecia, Alemania y los Países Bajos y en

otras partes del mundo como en Estados Unidos, Canadá y Japón. De hecho, tal es la eficiencia

del tratamiento en Suecia, que importa hasta 700,000 toneladas de basura de otros países.

Además, si bien las plantas de incineración de basura suelen estar asociadas con una imagen

de suciedad y contaminación del aire, la experiencia en estos países demuestra lo contrario ya

que existe tecnología con métodos eficientes y ambientalmente amigables. Tal es así que tan

solo en la parte central de Tokyo hay 19 plantas de WtE en funcionamiento.

No obstante, este tipo de tecnologías requiere de un costo de inversión inicial muy

alto para evitar las emisiones de gases y asegurar la eficiencia del proceso, con lo cual

resultaría inaccesible para países en vías de desarrollo. Asimismo, aunque existan

incineradores capaces de procesar mezclas variables de residuos, muchas veces es necesario

que se les haga un tratamiento previo ya que no cumplen con el contenido de humedad y el

poder calorífico mínimo para ser procesados. Este tratamiento tanto como cualquier proceso

de selección involucrado estaría implicando, entonces, más costos.

Más allá de los costos, la gran polémica que genera el concepto de WtE es si va o no

encontra del de reciclaje. ¿Es posible incentivar el reciclaje a la par de la incineración? ¿Son

realmente excluyentes? La incineración requiere de un monto constante de residuos para

mantener la eficiencia del proceso, con lo cual se podría suponer que en su apuro por suplir

con esas cantidades, se evite el filtro de residuos aptos para su reutilización. De hecho, aunque

no haya apuro, los materiales con más poder calorífico son justamente los que más se podrían

reciclar como el plástico, generando un doble interés por el residuo. Otro punto a tener en

cuenta es que la incineración es un proceso irreversible por lo cual el uso de cualquier material

para ello estaría descartando su posible reutilización. Incluso, hay que tener en cuenta que

este mismo proceso no solo genera energía sino también gases y cenizas que deberán ser

posteriormente tratados y dispuestos adecuadamente.

Así pues, la idea de WtE genera sus controversias por la suma de intereses en cuanto a

los residuos y por la falta de ética que dicha idea podría conllevar. Asimismo, hay que tener en

cuenta que el residuo utilizado para incineración podría ser provisto de aquel que iba a ser

dispuesto en los vertederos, es decir, que estaría aprovechando material que ya estaba

previamente descartado de un posible reciclaje. Por lo tanto, catalogar como “buena” o

“mala” a la WtE dependerá de los modos en que se lleva a cabo.

En resumen, la disposición de los residuos es una problemática actual a nivel mundial

y, aun así, seguimos extrayendo para seguir produciendo, consumiendo y desechando. Esto

resulta en un inconveniente que cada vez se profundiza más y en el cual, egoístamente,

terminaremos por agotar finalmente los diferentes “stocks” de recursos, ni hablar de la basura

que ya tenemos y que consecuentemente será generada. En fin, ya es hora de que como

sociedad nos preocupemos por resolverlo, tanto por nosotros como por las generaciones a

venir.

 

Dominique Blaquier

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