Desde que el hombre descubrió el fuego tuvo un requerimiento creciente por fuentes de energía que hicieran su vida más confortable. Cuando la utilización de combustibles fósiles entra en escena, reemplaza en gran medida al uso de biomasa como combustible y comienza la inyección de gases de carbono a la atmósfera, que hasta ése momento se encontraban sepultados bajo tierra.

La situación ambiental actual nos obliga a replantearnos comportamientos ya establecidos, las reservas de combustibles fósiles disminuyen incrementando su precio, el efecto invernadero causado por la acumulación de gases de carbono en la atmósfera agrava la situación climática global y la vida actual de la población demanda una mayor cantidad de energía para sus actividades.

Esto preocupa a gobernantes, ecologistas y a toda persona informada y con sentido común, lo que lleva a la búsqueda de energías alternativas, pero en la mayoría de los casos las inversiones requeridas, la necesidad de mantenimiento y la dificultad en la operación hacen poco viable la implementación de tecnologías para aprovechar éstas energías en algunos sectores.

Habiendo detectado un problema ambiental con los desechos de aserraderos producidos en diferentes zonas del país, nos surge la inquietud de generar la manera de aprovecharlos para transformarlos en energía térmica o eléctrica.

La llamamos biomasa sólida, foresto industrial o materia orgánica renovable debido a que las emisiones de dióxido de carbono generadas durante el aprovechamiento energético de la misma son equivalentes al dióxido de carbono previamente obtenido de la atmósfera

para su generación.

La energía de biomasa foresto industrial se puede aprovechar por combustión directa: la materia orgánica puede ser acondicionada previamente (como es el caso de los pellets y briquetas), la combustión es llevada a cabo cumplimentando con los parámetros ambientales requeridos por la normativa vigente, a diferencia de la quema convencional (de baja eficiencia y generadora de emisiones contaminantes).

Por medio de la combustión directa se puede obtener energía térmica ya sea para usos domésticos (cocción, calefacción) o industriales (calor de procesos, vapor mediante una caldera, energía mecánica utilizando el vapor de una máquina).

La potencialidad de utilización de combustibles provenientes de residuos foresto industriales en nuestro país es muy conveniente desde varios puntos de vista y aportaría mejoras sustanciales a la calidad de vida, medio ambiente y economías regionales; de todos modos, para garantizar el éxito de proyectos en éstas direcciones es necesario contar con políticas adecuadas y cierto apoyo de entidades estatales y privadas que favorezcan un entorno adecuado para la rápida adopción de estos nuevos paradigmas.

Ing. Flavio Annoni

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