Mucho se habla de las ciudades inteligentes pero poco es lo que realmente conocemos de su arquitectura y sus alcances. Así, desde definir como inteligente al simple hecho de contar con un tendido más o menos representativo de una fibra óptica, hasta la posibilidad de monitorear la red de semáforos y las cámaras distribuidas con alguna relativa a la seguridad, todo ha servido como excusa para instalar en la comunidad la idea contar con una ciudad inteligente. Sin embargo, una ciudad inteligente se define también según sus características locales (geografía, diseño, habitantes, actividades), antes que por algún menú de opciones a cumplir para entrar dentro de la categoría.

En 1749 Benjamin Franklin acuñó el término “batería”  para referirse a una serie de capacitores que estaba utilizando en sus experimentos con la electricidad. Luego vino Galvani con sus experimentos sobre animales muertos y finalmente en el año 1800 Volta daría con la pila voltaica, o la batería de cobre y zinc que hoy conocemos.