Desde hace algún tiempo, la discusión la competitividad de los precios competitivos de la energía generada por tecnologías renovables ha sido saldada. Año a año, la energía eólica y solar caen exponencialmente en precio, y cada vez en más países constituyen la mayoría de las nuevas inversiones en potencia. Sin embargo, la velocidad de desplazamiento de los sistemas tradicionales (basados en combustibles fósiles) es insuficiente para alcanzar los objetivos de emisiones de gases de efecto invernadero planteados por el Acuerdo de París.

De esta manera, sigue siendo imperativo analizar cuales son las barreras para las nuevas inversiones, de manera de contribuir a su superación. En este punto, resulta útil analizar algunas diferencias conceptuales entre las estructuras de costos de las energías tradicionales y las energías renovables:

– Los sistemas energéticos basados en tecnologías no renovables tienen la característica básica de utilizar algún recurso que – dada su definición – es escaso. Su escasez hace que tengan un valor económico significativo, lo que genera que el propio consumo de estos recursos sea uno de los costos más importantes para la generación de energía en base a estas fuentes. Vale decir, si se genera electricidad en base a gas natural, será necesario pagar el costo del gas utilizado. De esta manera, la economía de energía basada en estas fuentes queda atada al precio del commodity utilizado, ya sea petróleo o gas, introduciendo un elemento de incertidumbre externo a los proyectos.

– Las energías renovables, por otro lado, suelen utilizar recursos que están disponibles en una cantidad virtualmente ilimitada (por definición). En estos casos, el costo está casi completamente determinado por la inversión de capital necesaria para aprovechar este recurso. Teniendo en cuenta la dimensión de estas inversiones, y la necesidad de financiación asociada, es posible afirmar que “la tasa de interés es el combustible de las energías renovables”.

A la luz de esta realidad, se pone de manifiesto una escasez de recursos que no tiene que ver con la naturaleza: Para financiar un proyecto, un banco necesita el expertise de analistas con conocimientos sobre el sector energético, que al mismo tiempo tengan los conocimientos económico-financieros necesarios para comprender ambos aspectos del proyecto. Si bien la banca multilateral suele tener este tipo de capacidades, en el sector privado la capacidad de análisis suele ser mucho menor en estos temas. En este sentido, se pone de manifiesto que el rol de la banca multilateral incluye, además de la financiación de los proyectos, el desarrollo de capacidades locales que permitan replicar los modelos adoptados, dando profundidad a un mercado de capitales asociado a la energía que, en la región, todavía es insuficiente.

América Latina presenta un potencial de crecimiento enorme respecto a la generación de energía con fuentes renovables, y su explotación a fondo exige la colaboración de sectores públicos y privados, tanto en la ejecución de las obras como en el financiamiento de las mismas. El desarrollo de capacidades técnicas en el sector financiero debe ser una de las principales prioridades de los gobiernos y de la banca, ya que tiene el potencial de levantar una de las principales barreras actuales para lograr un desarrollo exponencial del sector.

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