Cristian Vega es un Ingeniero Nuclear, egresado del Instituto Balseiro. La Maestría en Energía Nuclear en el Instituto National des Sciences et Techniquees Nucléaires, de Paris, la creación y Presidencia de la AYNG (Argentinian Youth Nuclear Generation, en español: Asociación Argentina de Jóvenes Nucleares) no son los ítems de sus CV que lo definen. Por el contrario, más allá de su carrera profesional, sus ideales, su pregonar  por un escenario energético diverso, su mente innovadora y la pasión por lo que hace, son algunos de los distintivos que dejó entrever en esta charla. Durante la entrevista hablamos de la curiosa historia de la energía nuclear en nuestro país, de los mitos que envuelven al sector y, por su puesto, del Youth Nuclear Congress, que organiza junto a la organización Women in Nuclear, del 11 al 17 de marzo, en Bariloche.

Contame, ¿cómo surgió la AYNG y qué objetivos tiene?

La AYNG surgió a partir de una necesidad que entendimos que nuestra industria tenía: la de una transformación cultural. Creíamos que los jóvenes nucleares necesitábamos un espacio que nos reúna, nos ayude a generar intercambios e impulse nuestro trabajo, perfeccionamiento y estudio. Así que, empezamos a trabajar en esta idea cuando volví de hacer el posgrado en Francia. Organizamos una visita con referentes latinoamericanos, de Honduras, Ecuador, Chile, Bolivia, Paraguay, Colombia, El Salvador y Brasil. Con ellos visitamos las plantas y principales empresas nucleares de nuestro país y de Brasil también. Además, convocamos a las industrias del sector y trabajamos en la identidad y valores de la asociación. Así, en 2016, se conformó la Argentinian Youth Nuclear Generation.

¿A quiénes está dirigida?

Busca reunir a los menores de 35 años trabajando en el sector. A partir de la asociación, la idea  es crear un espacio de liderazgo para estos jóvenes. Creemos que faltaba una organización con este objetivo y empezamos a trabajar mucho para llegar a eso. Ahora hay toda una organización con personas encargadas del desarrollo profesional, de gestionar becas en el exterior, otros dedicados a la comunicación, responsables de asuntos institucionales, otros con perfil técnico dedicados a fomentar la de la participación en publicaciones científicas, papers. Además, como también queremos participar en la agenda nuclear argentina y no dejar de ser críticos con esta actividad en nuestro país y el mundo, nos dedicamos a participar en  intervenciones en proyectos de ley y políticas públicas.

Bueno ¿y todo este equipo está ahora abocado a la organización del Youth Nuclear Congress?

Sí. Exactamente, estamos con mucho trabajo y totalmente abocados a eso. Va a ser un evento importante. Esperamos recibir, entre 400 y 600 personas. Es la primera vez que se organiza en la Argentina y se va a presentar toda la industria. Haremos una visita a INVAP y al Centro Atómico Bariloche. Un grupo también viajará a Buenos Aires y a Angra, en Brasil a visitar las centrales nucleares. La idea es mostrar al mundo nuestra Argentina nuclear.

¿Cómo va a estar organizado?

Van a estar muchos referentes importantes del sector hablando. Entre ellos, Mary Alice Hayward, de la IAEA, William D. Magwood de la NEA, el Presidente de INVAP, el CEO de Westinghouse. También, como en todos los Congresos de Jóvenes Nucleares de este tipo, lanzaremos un programa de Mentoring que va a llevar bastante trabajo ya que se seleccionarán a los postulantes según sus perfiles, los pondremos en contacto con los referentes nucleares más adecuados. La idea es que ellos los guíen en su desarrollo profesional. Además, en línea con el lema del evento que es “Desafiar el Presente para Mejorar el Futuro”, va a haber un espacio de propuestas de los participantes. Los asistentes pueden participar también con papers, que se expondrán en paneles o posters. De ellos, los mejores trabajos seleccionados por el jurado, se publicarán en revistas de alto impacto. Todo está organizado para que los jóvenes profesionales del sector se luzcan, conozcan y aprendan. La idea es que tengamos la posibilidad de ver lo que se hace en el mundo, que siembre en los jóvenes argentinos la idea de que pueden ir por eso. Queremos mostrarle al mundo lo que la Argentina es capaz. Estamos muy entusiasmados con todo esto.

¿Cuál es la situación de la energía nuclear en Argentina?

Nuestro país tiene una ventaja que son los 70 años de trayectoria que tenemos en el sector. Contamos con un sin fin de excelentes profesionales capacitados y con experiencia laboral y eso no es poco. Si nos comparamos con el resto de países de América Latina, somos el único en esta situación ventajosa. Lo cierto es que nuestra historia nuclear es llamativa. La energía nuclear llegó a nuestro país en 1951, durante la segunda presidencia de J.D. Perón. Por estos años, en el resto del mundo, se empezaban a construir plantas nucleares y la Argentina se sumó a la ola innovadora. Pero la historia es insólita…

¿Por qué?

Porque la novedad llegó de la mano de Ronald Richter, un físico austríaco, que lo convenció a Perón de que le financie un proyecto de investigación nuclear. La idea del científico era investigar sobre la producción de energía pero a partir de la fusión nuclear que, de manera simple, sería la generación de energía a partir de la unión de los átomos. Como por ejemplo, lo hace el Sol o cualquier estrella. Al principio, instaló el laboratorio en Córdoba pero después, por razones de seguridad, se mudó a la Isla Huemul, en Bariloche. Así fue como nuestro sur se convirtió en la capital nuclear del país. Aunque el proyecto de Richter fracasó y el físico tuvo que abandonarlo por falta de resultados comprobables, lo cierto es que sirvió de impulso para la industria ya que, para auditar el trabajo que venía realizando el austríaco, y que ya estaba muy desprestigiado por prometer un resultado que no llegaba, se convocó a una comisión fiscalizadora. A esta, asistieron científicos expertos (y otros no tanto), entre los cuales estaba José Antonio Balseiro y Mario Báncora. Con  Balseiro en la comisión, se le dio un impulso muy importante al sector creándose, unos años más tarde el Instituto de educación superior que actualmente lleva su nombre: Instituto Balseiro.

¿Y cuál es la situación actual de la energía nuclear en Argentina?

Lo cierto es que este bagaje nos convirtió en un país con grandes recursos humanos para desarrollar tanto en el aspecto científico como técnico. Pero a mi entender, deberíamos llevar adelante y financiar más proyectos para aprovechar nuestro potencial y el mercado de alta complejidad disponible hoy. Lo cierto es que las decisiones que toma un país respecto de cómo se conforma su matriz nuclear tiene que ver con muchos aspectos: cultural, político, económico, sus recursos naturales. Y la energía nuclear podría desarrollarse mucho más en la Argentina. Sobre todo, teniendo en cuenta los recursos que tenemos.

Pero cuando se trata de energía nuclear, siempre surgen los comentarios acerca de sus peligros, desventajas. ¿Cuánto hay de cierto en todo esto?

La energía nuclear se presenta como una solución ingenieril a un problema: la generación de energía eléctrica sin emisión de gases de efecto invernadero. Al igual que todas las soluciones ingenieriles (edificios, autos, trenes, aviones), no es perfecta pero presenta ventajas y desventajas. La energía nuclear en realidad, es una energía limpia ya que no emite dióxido de carbono. Solamente lo hace cuando estás construyendo la planta, por las maquinarias y traslados de materiales hacia el lugar. Esto mismo también lo hacés en la construcción de parques eólicos o solares. Después, una vez terminada su construcción, la planta tiene cero emisión. Ya que no emite  durante su operación. También, cuando se habla de la energía nuclear se la suele relacionar con los accidentes que ocurrieron, en un caso, por error humano (Three Mile Island / 1979 - Chernóbil / 1986) o por desastres naturales (Fukushima / 2011).

¿Pero entonces?

En el mundo existen plantas nucleares desde 1954, año en el que Rusia conecta la central de Obninsk. Tres años después, los americanos alcanzaron la primera criticidad en la planta de Shippingport. En la actualidad existen 449 reactores nucleares en operación generando energía eléctrica día a día para millones de personas alrededor del mundo. La historia de la generación nucleoeléctrica cuenta con muchísimas horas de operación. Toda esta experiencia acumulada no ha sido en vano. A lo largo de estas décadas, se han desarrollado miles de sistemas, métodos de análisis y diseños ergonómicos basados en la psicología de la interacción hombre-máquina para reducir al máximo el error humano. Sin dejar de mencionar sistemas de control y automatización modernos, como así también modelos numéricos muy precisos logrados gracias al increíble avance de los ordenadores. Enormes esfuerzos se han hecho en las últimas décadas y continúan realizándose, para hacer de la generación de energía termonuclear una industria segura y limpia. Existen importantes organismos internacionales como la Agencia de Energía Atómica Internacional (IAEA por sus siglas en inglés) y la Asociación mundial de Operadores Nucleares (WANO), cuya función, entre otras cosas, es investigar, recomendar y velar por la seguridad de las centrales nucleares del mundo. Respecto de esto, la realidad es que los accidentes, cuando suceden, son muy peligrosos y pueden tener un alto impacto en la flora y fauna del lugar. Sin embargo, es difícil que esto ocurra. Y cada vez más difícil. Ya que, gracias al avance de la tecnología con la que se construyen las plantas, se cuenta con una infraestructura que prevé todo tipo de incidentes.

Otro tema que se suele señalar como el punto débil de la energía nuclear son los desechos.  ¿Qué sucede con ellos?

Literalmente el 96% de los elementos de combustible ( conjunto de tubos de zircaloy que contienen óxido de uranio), son reciclables ya que aún existen átomos que se pueden  utilizar para producir energía. Los desecho representan el 4% de la producción de cada elemento de combustible y hay muchas técnicas de almacenamiento de estos desechos para evitar contaminaciones. Además, los desechos ocupan muy poco lugar. Por ejemplo, debajo de esta mesa (una mesa de café de 60x60 cm) podrías almacenar la producción de todo un año.